martes, 30 de octubre de 2018

Leyenda del desierto


Cuenta la antigua leyenda
que cuando el Señor de los Cielos
separó el mar de la tierra,
creó en la tierra el desierto.
 
Llenó el desierto de arena.
Lo hizo tan liso y perfecto
que en él los rayos de sol
se miraban al espejo.
 
Por el día, abrasador.
Quien atravesarlo aventura
cuenta que por la noche
sale a mirarse la luna.
 
Pero al ponerse el sol
hace frío, sopla el viento
y la arena, en la tormenta,
se eleva invadiendo el cielo.
 
No puede verse la luna
reflejada en el espejo
y se pone triste, y llora
lágrimas en el desierto.
 
Y esas lágrimas de luna
algo tienen de especiales:
nunca se secan, nunca,
por eso de ser lunares.
 
Las gotitas, de una en una,
se acumulan en el suelo,
cada noche en el lugar
donde el astro asoma el velo.
 
Se busca sobre el desierto,
todas las noches la luna
y el aire mueve la arena
cada noche, de una en una.
 
Pensó el Señor de los Cielos
convocar a las criaturas
para encontrar solución
de una en una, de una en una.
 
Primero fue el dromedario.
Luego también el camello.
Intentan con sus jorobas
detener quizás  el viento.
 
Mas al llegar la mañana,
sintiéndose ya hambrientos,
se van a desayunar
y la arena cae al suelo.

El viento vuelve a soplar:

la arena otra vez va al cielo
marchándose a otro lugar
dejando vacío el desierto.
 
Y así cada anochecer
un animal se turna
para inventar de cien modos
una forma de captura
de una en una, de una en una.
 
Lo intentan el alacrán,
víbora, jerbo y hiena;
la tarántula, el guepardo,
el adax y las gacelas.
 
A todos sucede igual:
cuando se intentan mover
la arena que han detenido
rotunda, vuelve a caer.
 
Por rendidas se van dando
de una en una, de una en una.
Y así el Señor de los Cielos
se dirige hacia la luna. 

Cuando ya está caminando,
oye una voz oportuna:
“¿puedo intentarlo yo?”
“No habéis de faltar ninguna,
 
intentadlo, amiga piedra,
aunque por ser tan menuda
no forjemos esperanzas
de una en una, de una en una”.

Y así, la pequeña piedra,
fría, sola y olvidada
se acuesta sobre el desierto.
Paciente, la noche aguarda.
 
Llega el viento, trae la arena.
La arena en la piedra choca.
Cae a sus pies, se acumula,
y más arena la toca.

La piedra, que no se mueve,
consigue con su tez dura
un montículo que crece
cada noche, de una en una.

Se fue el Señor de los Cielos,
recorrió todo el desierto
y colocó tantas piedras
como estrellas en el cielo.

 
Deseó darles un nombre
y las llamó a cada una
de una manera especial
de una en una,
DUNA a DUNA.

Y así la leyenda narra
que desde entonces la luna
puede asomarse al espejo
que serpea por las dunas.


Dispersos por el desierto,

debajo del sol ardiente,
de las lágrimas de luna
nacieron oasis verdes.
 
Y en los días calurosos,
fiel al objeto mismo
en ocasiones se ve,
reflejado, un espejismo.

jueves, 20 de julio de 2017

Lista de mis malas acciones: #1

Esta mañana he perdido la paciencia una vez más (y van como 2462987 más o menos). eBebote, que ya tiene 3 añazos, afortunadamente ha olvidado la vieja costumbre de levantarse antes que el sol para pasar a hacerlo CON el sol. Así que a las siete de la mañana, tras una noche en que su madre ha tratado de deshacerse (con éxito, parece) de un molestísimo dolor de cabeza a la vez que compartía cama con el sujeto mencionado y velaba porque, una vez huido ePapá al trabajo, no se despeñase por el otro lado, eBebote ha abierto una rendija ocular y, con su sexto sentido arácnido, ha expresado: “quiero desayunar”. Arghhhh, cielos. ¿Pero cuánto necesita NO dormir este niño? En total, habrán sido 7 horas de sueño. eMamá y su cabeza, desde luego, necesitan al menos una más. Tampoco exageremos, porque una de las cosas atractivas de la maternidad es que, una vez tienes un hijo que te acostumbra a jornadas de sueño antimaratonianas, con dormir cinco horas tienes las pilas cargadas y el cuerpo se despierta solo (no así la mente, que pasa a un permantente estado de duermevela y abotargamiento que no tiene solución).
Como decía, mi hijo menor con su sexto sentido arácnido ha prescindido hoy por primera vez de su particular “buenos días”, que venía a ser “mamá, ¿estás con nosotros?”. Tras tres días comprobando que, efectivamente, estoy con ellos de vacaciones y a su completa disposición, ha intuido que esto ya no tiene arreglo y eMamá ha venido para quedarse.

Asumidas las condiciones por ambas partes, preparo el desayuno. Nuestra despensa parece un muestrario de cualquier buen supermercado: galletas redondas, galletas con paja, galletas sin azúcar, con chocolate por encima, por debajo o por los lados, rellenas de algo que dice ser nata (con y sin chocolate por encima, debajo y los lados), bollitos (una sola variedad -aquí el stock falla un poco-), pan tostado, tres o cuatro tipos de cereales… eBebote durante esta semana ha catado casi cada producto consentido de esta lista (quitando chocolates varios), y hoy dispone firmemente el menú: cereales súperguays. Galletas no porque tienen caritas dibujadas y sólo comemos las de letras (diría que me ha salido un ilustrado, pero es que rechaza la ilustración). ZZZZvasoZZZZlecheZZZZmicroZZZZcerealesZZZZpajitadoscucharasmesaplatoZZZZZZZZZZZZZZZ...¡! eBebote ha echado su pequeño bol de cereales enterito en el vaso de leche. “!Mira qué bien, qué práctico”, piensa satisfecha eMamá, que por simple problema de suministro ha escogido el vaso más grande de la casa y lo ha llenado hasta la mitad de leche. El tamaño es perfecto para el cóctel de energía que va a ser este desayuno. eMamá regresa a su café con leche recalentado y sus cuatro galletas sin azúcar cuasitransparentes de la dieta permanente…

“Quiero galletaz”. Una carita medio adormilada observa con gula y cierta dificultad por encima de su aparentemente delicioso vaso de desayuno, del que se ha bebido ya toda la leche dejando una muralla de cereales empapados -todos sabemos del poder aglutinante de este material, seguramente sea el ingrediente secreto de afamadas marcas de pegamentos ultrafuertes del mercado. NO recomiendo la comprobación empírica-. Vuelvo a sumirme en mis reflexiones de café con sueño mientras murmuro algo como “termina los cereales, que los has pedido tú”, o algún sinsentido por el estilo.
Entonces eBebote empieza a torcer su gesto en ESA mueca que conozco tan bien. El labio superior se curva hacia abajo, los ojos se agrandan y… cuando empieza a abrir la boquita en un primer alarido lastimero, el lado oscuro de eMamá toma el control y, obviando que el resto de niños duerme todavía- algo que me preocupa- y unos cuantos atenuantes más, agarra el desafortunado recipiente y… ¡CRAC! Se estampa contra el suelo.



eMamá recoge sus millones de pedacitos que se esparcen por el suelo del salón, del hall y hasta del baño, por encima de una alfombra, debajo de los radiadores e incluso entre los cables de la tele… Mientras, yo intento ayudarla buscando los trocitos de cristal con argamasa en que ha convertido el olvidado desayuno.
Enviamos a eBebote a su cama un rato más, cosa que agradece su cuerpecito cansado y reconfortado, y, penosamente, mi lado oscuro y yo comenzamos la reconstrucción. El vaso no tiene solución, pero no importa. Hay otros. El alma, desgraciadamente, nos va a llevar un rato.

miércoles, 19 de julio de 2017

Configuración de alta densidad


Hoy escribo de nuevo, desde mi microportátil que ocupa nada y menos. Sus teclas son tan estrechas y están tan pegadas que mis morcillosos dedazos apenas atinan sobre ellas. Aunque parece imposible, la que más me cuesta encontrar, o más pericia me requiere, ocupa prácticamente la mitad de la envergadura total: es la barra espaciadora. Si volviéramos al mundo opositor donde contaban las famosas “pulsaciones por minuto”, iba a ganar la copa de futuros funcionarios (ay,no, que no se compite para eso) al mérito espaciador. Cada palabra se conecta a la siguiente por una serie de golpes repetitivos sobre mi especial barra espaciadora; “Querida BARRABARRABARRABARRAmamá;RETROCESO: (ahora ha funcionado)BARRA¿CómoBARRABARRABARRABARRAteBARRABARRAencuentrasBARRA hoy)=?”


Y en ese plan,,.


Es lo que tiene escribir en un espacio mínimo. Es muy temprano por la mañana, apenas está comenzando a amanecer, y el resto de usuarios todavía permanece en esa duermevela que precede al auténtico despertar. Algunos, y más concretamente el que tengo en este azar de los espacios públicos hoy a mi lado, se desparrama en algo que parece un sueño profundo. Lo miro con envidia. De repente, en un movimiento seguro y brusco, se me echa encima. Detengo su caída con la pierna mientras continúo escribiendo. AhoramismoBARRABARRABARRAestoy especialmente incómoda. El sujeto, que no levanta apenas del suelo, se me agarra a un pie mientras comienza casi a roncar. Si tuviera a quién es probable que me quejase. El resto de compañeros continúan su sueño ligero ajenos a esta situación, y no hay figura de autoridad que pueda quitarme esta sobrevenida responsabilidad de almohada y muro de contención a un tiempo. Es lo que tiene la tendencia a reducir los espacios para acumular más y más gente. Es lo que tiene esta moda actual de la delgadez, la eficacia y los espacios diáfanos. Aglutinar la mayor cantidad de usuarios en el mínimo volumen posible... ¿Por qué,si no, desaparecieron los trenes con compartimentos -y sì, yo he viajado en alguno de esos- para evolucionar a lo que son hoy en día? (estoy pensando en los fríos y vacíos trenes de cercanías: grises, minimalistas y repletos de viajeros).


Afortunadamente mi vecino de hoy es ligero y apenas ruidoso.


Sigo mi reflexión: ¿cuál será entonces la auténtica intención de la moda del loft? Acumular el mayor número de personas en un cuarto que, no nos engañemos, no suele ser enorme, hasta se salgan por un elevado techo? Ahora resulta que aquel vendedor de cocinas que confundía la mala educación con ir de moderno sólo quería tirar las paredes de nuestro modesto piso para evitarnos la sensación de soledad… Afortunadamente le tomamos por loco y rellenamos nuestros espacios de manera tradicional. Con sus literas y todo. No me veo acumulando gente en casa como se acumulan tickets en el bolso,o pasajeros en mi asiento.






De pronto me doy cuenta de que vuelvo a ser libre. Mi pie descansa al final de mi pierna sin ataduras. El ligero dormilón ha restablecido una posición más cómoda y adecuada. Continuamos viaje esta madrugada hacia el inicio de la jornada, que me espera ya a tan sólo unos minutos (laaaaargos, deseo). Así pues, es mi momento: me estiro y me pongo cómoda, finalmente, en el espacio que me corresponde en mi diáfana, enorme y abarrotada cama de 1,60m.

viernes, 4 de noviembre de 2016

RRPP de mi empresa, primer intento

Aviso a Navegantes (o “buenos días a todos”):

Como en años anteriores, se están iniciando ya los preparativos para los eventos de las fiestas que nos esperan, como la lotería de Navidad (que no me concierne) o la ya clásica comida navideña/sección NA. Para este último evento, al que estáis todos invitados, se quiere comenzar a organizar convenientemente en tiempo y lugar.  A iniciativa de la Unidad Secreta del Comité de Festejos (USCF, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia), os invito a participar en el proceso de decisión y especialmente a acudir al evento, que un año más promete ser a la par divertido, distendido y DSANAfadado.

Para facilitaros las cosas, incluyo una lista de preguntas frecuentes:

-      ¿Quién puede apuntarse? ¿Cómo sé si estoy invitad@?: muy fácil. Estás en copia de este correo, o en copia de una copia.

-      ¿Cómo debo hacer para apuntarme? Avisar. Al originador del correo estaría bien, o a cualquiera que se ofrezca a tal fin (vacante disponible, N3.1416, sueldo a convenir, improductividad).

-      ¿Y si no puedo ir? ¿Cuándo será? Claro que puedes. Si te interesa enormemente elegir la fecha, puedes hacerlo a través del siguiente enlace

Si no te interesa tanto, puedes consultar las fechas posibles en el mismo enlace. Si no te interesa en absoluto, siempre puedes pinchar en el enlace y elegir la fecha que no le viene bien a esa persona de la Agencia con la que no deseas compartir una comida navideña. Eso sí, esta última opción atenta contra el buen espíritu y el compañerismo imperante en estas fechas y, de detectarse, será censurada por parte del Fantasma de las Navidades pasadas, presentes y futuras. Ojito.

-      ¿Hasta cuándo puedo apuntarme? Por confirmar (o TBD, como dicen en la industria). No obstante, a partir del día que señalo en rojo más adelante se comenzará a fijar hora y lugar, y es necesario saber una estimación muy aproximada del número de comensales.

-      ¿Hasta cuándo puedo elegir fecha? Hasta AYER. O, para ser justos, hasta el próximo día 11 de Noviembre.

-      ¿Dónde será? Una vez decidida la fecha, los técnicos especialistas  del cuerpo de usuarios de restaurantes de la zona propondrán diversos sitios (TBD), siempre dentro de unos parámetros de proximidad/precio/aforo acordes a las necesidades.

-      ¿Será gratis? NO. Cada uno se paga su parte, pero la compañía es impagable y es un plus. Además del precio de la comida, ten previsto, si te interesa, lo que pueda surgir después.

-      ¿Cuánto dura? Todo lo que quieras. Después de comer, el que quiera y pueda puede continuar la celebración en el clásico karaoke-NA, en un banco en la calle o lo que proceda…

-      ¿Me acordaré? Seguro. Espero.

-      ¿Se acordarán? Dalo por hecho.

-      ¿Lo pasaré bien? Claro que sí.

-      ¿Me lo recomiendas? Por supuesto.


-      ¿Por qué? No lo sé, yo no he ido nunca J

martes, 25 de octubre de 2016

Complejo hospitalario

La operación de la eAbuelita ha ido bien. Aceptablente bien. Comenzó con un paseo en camilla a lo ”fórmula 1”. Con las prisas, casi se me pasa despedirla y desearle que todo fuera bien. Entró a quirófano por la puerta grande, y ahí se quedó eMamá, contenta y sola. Pero lo que prometían ser varias horas de tranquila espera pronto se convirtió en un sarao de movimiento: a la media hora llegó a acompañarme la “amiplasta resonante”.


Antes de seguir debo decir que eAbuelita se rodea de multitud de amigas, categorizadas en normales, fanáticas y “amiplastas”. Estas últimas (en combinación con las segundas), son las más peligrosas.


Pues bien, una de ellas, bajo el lema “soy su amiga, hago lo que quiero”, se parapetó tras el bolso en la sala de espera de quirófanos. Pasadas tres horas (la intervención estaba programada para unas cinco), la cosa empieza a ponerse interesante: “Es muy tarde. No sabemos nada”. Y eMamá: “Que no, amiplasta. Que aún nos queda. Aguanta hasta las tres”. A las tres, “amiplasta” ya había ido cinco veces al control de enfermería, había hecho unas diez llamadas telefónicas y me había atosigado otras tantas veces.


A las cuatro, eMamá estaba nerviosa.


A las cinco, la cosa estaba tan tensa que ePapá se ofreció a venir de retén para paliar mis fogosos deseos de atizarle un bofetón.


Al fin, nueve horas y media después, salió el médico. El cirujano de mi madre es muy alto, muy serio y muy rodeado de un enigmático halo de misterio para revestirse, si cabe, de un mayor interés. Tras las pertinentes informaciones, podemos visitar a eAbuelita en la “REA”(nimación).


La “REA”(nimación) levanta a un muerto. Es un luminoso local lleno de lucecitas, pitidos, silbidos y enfermeras. En ocasiones se vislumbra algún paciente. Allí nos personamos, ante eAbuelita, que lucía un estupendo cableado. A la enfermera: “ Perdone, ¿ésta es mi madre?” “Sí, señorita.” “Y se puede tocar o provocaré un cortocircuito?” Y en ese plan.


eAbuelita abre los ojos, sonríe y dice… “mi páncreas”. Afortunadamente estamos informados de la magnitud de la intervención y podemos confirmar que sigue en su sitio, en toda su dimensión.
A continuación, eAbuelita prosigue: “los doctores estarán cansados”. Seguramente, sí. Han sido cinco horas y pico de operación. No obstante, la cantidad de artilugios que entran y salen de mi madre por diversos lados dan a entender que A) los doctores han estado francamente entretenidos y B) ésa no debería ser la mayor preocupación de la paciente.


La estancia en la REA fue breve. Al día siguiente eAbuelita y todos sus conductos bajaron a planta. Una cariñosa enfermera nos presenta los rudimentos básicos: “su cama, su armario… Si necesitan algo, aquí está el botón para llamar.” Para llamar. Para llamar, ¿a quién? ¿Al fontanero? Mi madre lleva más tuberías instaladas que la calefacción de un edificio. Entre entradas y salidas, contabilizo lo menos diez. Tiene puesta, incluso, una “pera limonera” que aquí profesionalmente se conoce como “bomba del dolor”. No explota, afortunadamente, pero por las noches sisea cual serpiente. Y, entonces, la paciente alucina colorines.


Pasado un tiempo (aproximadamente treinta minutos) desde que se conoce la feliz noticia de su bajada a planta, la habitación 421 comienza a conocerse popularmente como “la secta”. No hay más fanáticas por metro cuadrado porque, literalmente, no caben. Y es que este otro tipo de amiga de eAbuelita es el que más abunda. El tipo de persona que, de cada cuatro palabras que utiliza, incluye en cinco algún angelote, manos en oración, halos de santidad o cosas más elevadas. Para los humanos de a pie, con religión “a nivel de usuario”, como diría mi prima, atender teléfonos y visitas fanáticas a un ritmo de cien diarios es un esfuerzo sobrehumano. Aquí se ve de todo. Un día eMamá, harta de esta marea de peregrinación, coloca un cartel con el camarote de los hermanos Marx en la puerta. Desgraciadamente, el único en pillar la indirecta es el interesante, alto y misteriosamente enigmático cirujano. Afortunadamente, se alía secretamente con eMamá y no pone objeciones.


Han transcurrido 21 días y hemos vivido de todo. Noches de insomnio, ronquidos, ligoteos, cuatro compañeras de habitación, visitas en busca de piso de alquiler,... No sabemos el tiempo y las situaciones que aún nos depara el hospital. Pero estaré deseando contarlas.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Abre la Mumralla

Hace unos días “madrugamos” inspirados (en una rareza poco habitual, de ésas que sólo se dan al final de las vacaciones, nos levantamos los cinco más allá de las ocho), y en un minuto tonto decidimos hacer turismo urbano. O más bien lo decidió por nosotros esa manía que tienen los pueblos de tener una fiesta de guardar durante la época estival. Puesto que nuestro principal destino permanecía cerrado, decidimos estirarnos y llevar a los eNanos a (re)conocer Ávila.

La carretera (nacional) es un trayecto que a mí me encanta, atravesando bosques espesos, puertos deshabitados, áridos altos y ventosos despoblados casi de vegetación, altísimos puentes sobre ríos perdidos... Toda una aventura que bien podría ser propia de una ruta de reconocimiento castellano a la que por analogías básicas llamaré “Qué-zagal”.

Iniciamos viaje sin mayores complicaciones, aunque eMamá y los puertos tienen un contratiempo inevitable: marear perdidamente a eBichita, que a las tres curvas ya llevaba cara de pocos amigos. O ninguno. No obstante resistió bien la cosa.
Superado el primer puerto, empiezan los gritos de sorpresa: “un puente, ¡qué alto!” (reprimo las ganas de explicarles qué es el puenting y por qué se practica ahí, por si algún día desean que les realice una demostración práctica, y me limito a orientarles entre los recodos del lejano río: “tras esa ladera, un pueblo. Tras la otra, otro”). Al minuto la carretera cambia de horizonte: “¡un bosque!” exclama encantado eHijo. eBebote reconstruye la frase anterior adecuadamente: “un bosque encantado”. Quizá no le falte razón, es uno de esos bosques de tupidos pinos que se elevan a ambos lados de la carretera y te impiden discernir otro paisaje. En horas poco centrales del día, la carretera en esos tramos permanece sombría y uno parece a merced del primer habitante del bosque que se aventure en el asfalto. En nuestro caso, ante nosotros, lo que aparece es un semáforo. Esto sí que es nuevo. O sí que está encantado el lugar, ¿quizás sea un intrépido turista reconvertido por arte de magia de un hada malvada? Para mi alivio, se trata de un artilugio portátil que emplean en unas obras en la calzada. Seguimos trayecto.

No transcurre mucho tiempo cuando alcanzamos una rotonda de esas que te indican que estás en las proximidades del único pueblo que hay en las inmediaciones por el método de colocarse en mitad de tu camino (con la consiguiente reducción de velocidad), señalizar que hay una población y, por si ha quedado poco patente, colocar a modo de escultura el cortísimo nombre de la localidad de manera gigantesca con letras más grandes que mis hijos… “las navas del marqués” (todo así, con minúsculas, porque una mayúscula sobresaldría casi por encima de los bosques de pinos, o porque habría que balizarla para los aviones, no sé qué es más probable). “Mirad niños”, empiezo a entonar en modo dulce-abuelita, “ahí es donde mamá tomó su primer vaso de leche” (esto se lo contaré cada vez que pasemos por esa glorieta, igual que he hecho con su padre toooodas las veces, e igual que a su vez hizo mi padre conmigo, toooodas las veces; es una historia que me encanta: breve, escueta, fundamental). “Quiero vomitar” responde lastimera eBichita. (¡¿?! ¡No era una historia tan mala!) En realidad no es tanto el efecto de mi anécdota minimalista, sino los 180º de ruta turística por el pueblo y su rotonda de entrada los que han descolocado finalmente el estómago de mi hija. Quizás mi conducción nada temeraria pero exigente haya influido algo, también. Sólo quizás. Su padre, aleccionado por situaciones anteriores con finales nada narrables, le suministra con admirable eficiencia una bolsa de plástico (esta vez sin agujeros) donde la niña hunde su cabecita.

Al poco encontramos dos camiones, uno larguísimo… “Parece que vamos a ir más despacio, niños”, digo, y luego para mí misma “oh, cielos, con lo poco que me gusta adelantar”. ePapá me mira divertido: “no es que vayan despacio”. Miro el velocímetro: voy a 90 km/h, el límite legal. En fracciones de segundo devuelvo la vista a la carretera y los camiones ya me sacan como un kilómetro de ventaja. Deben de ser de Ávila -y conocerse esto muy bien-. Así seguimos, tras los camiones, pasando por valles y barrancas. Han transcurrido tres minutos y eBichita emerge de la bolsa, compungida porque finalmente no la ha utilizado. Le hacemos una fiesta, no sea que su pena por el desuso derive en el efecto indeseado, y alguien (supongo que yo) exclama: “¡Mirad, molinos!”. Ante nosotros, los generadores eólicos que ya se divisaban hacía un rato, se yerguen enormes, con su fuste azulado y sus palas blancas girando imperceptiblemente. eHijo comenta lo evidente, “no se mueven”. eBichita nos reprocha “no son molinos, son gigantes”… En el silencio que sigue, durante el cual creo que ePapá comparte consternado su asombro mientras se pregunta quién ha tenido arrestos para leerle a Cervantes a la niña, pienso orgullosa “Quí hijota tengo, pero quí hijota”. Desde luego, de nosotros no lo ha sacado.

El periplo continúa, estamos llegando a la ciudad. Cuando al fin se divisa, y les advierto que lo que van a ver es, finalmente, Ávila, la expectación da paso a una especie de incredulidad . “¿Dónde está el águila?”. “Ávila, hijos, Ávila, no águila. La tenemos delante”. Siguen sin dar mucha validez a mi criterio, como desconfiando de mi aparente lucidez. Y es que acostumbrados al (para mí desolador) paisaje de entrada a una ciudad como Madrid, donde no está claro cuándo has llegado, y mucho menos si alguna vez conseguirás salir, ver una ciudad en su conjunto rodeada de paisajes y montañas, así, autolimitada, les genera una sensación de “incompletitud”. Tenemos que viajar más.

Bueeeeeno, pues ya estamos aquí. La muralla se hace esperar, puesto que tenemos que callejear aún por las afueras hasta estacionar en el interior de la ciudad. Llegado el momento, por fin la divisamos: “¡Mirad, chicos, ahí está la muralla! Veis como es Ávila?” Y ahí la sorpresa nos impide a todos mantener la compostura. El galimatías dentro del coche, lleno de expresivos eNanos, se genera espontáneamente. eBebote consulta de nuevo “¿dónde está el águila?” y luego advierte “no, ez un caztillo gande”. “No, cielo, es la muralla”. “No, un caztillo gande”. Esta batalla la tengo perdida. Mientras tanto, la guerra se ha desatado entre eHijo y eBichita, moderada por ePapá. eBichita ha comenzado a exclamar “¡hemos llegado a China!”, mientras su hermano mayor con cierta contención le recuerda que no, que es Ávila. “¡Es China!”, insiste eBichita, obcecada. Mientras aparcamos, intento hacerle entender que aunque las murallas famosas en todo el mundo suelen ubicarse en China, la riqueza cultural de nuestra tierra castellana nos permite disponer de un ejemplo en nuestras propias raíces, que desgraciadamente no se emplea con la frecuencia deseable de manera ejemplar en las narraciones y cuentos que…
Excuse me, could you help me?”, me interrumpe educadamente un oriental (muy probablemente un japonés, pero mis hijos aún no saben distinguir) que tiene problemas con el parquímetro.

Durante los siglos venideros, en los anales de la eFamilia, mi hija jurará haber viajado a China en coche aquella mañana soleada de Septiembre.

Porque además el amable japonés no viaja solo, con él va un grupo de unas cinco personas que como primer atractivo de la ciudad han encontrado una familia numerosa con tres niños de entre dos y cinco años. eHijo se los trae de calle con su “jelou” y su “baibai”, y periódicamente por las calles de Ávila podemos ver palos de selfie, ojos rasgados y oir el inconfundible “bye bye”. Cuando ya se van a ir (y nosotros a nuestro numerosamente familiar ritmo hemos tardado entre dos y cinco años en caminar cien metros), finalmente se atreven a solicitar una foto del más codiciado reclamo turístico del lugar: los eHijos. eMamá que está a lo suyo ni se entera, mientras ePapá rechaza la generosa propuesta. Me da penita. Parecían gente maja. Pero no entra en nuestra política de protección de datos ceder el copy right familiar, me recuerda ePapá. Lástima, igual nos podríamos ganar el sueldo como “fauna autóctona”.

A lo largo del día paseamos por la maravillosa Ávila viendo monumentos, plazas, fuentes, textos, yemas, toros de Guisando, un cerdo que pretender hacerse pasar por un toro de Guisando, iglesias, piedras y la muralla. Salimos y entramos al recinto amurallado varias veces durante la jornada, fascinando a eHijo que nos recuerda que quiere ver la muralla “por dentro”. Hacia media tarde, exhaustos y sedientos, decidimos hacer un paréntesis y descansar ante un refresco mientras los niños trotan por un jardín. O, más bien, creemos descansar hasta que empiezan a llovernos incómodas preguntas culturales que la soasada neurona disponible no sabe resolver: “Quién vivía en este castillo, ¿era un rey?” “No, hijo, aquí no había reyes, serían condes, o duques o… Bueno, y Santa Teresa, que era la patrona de mi cole y era de Ávila. Mira, la del cuadro.” “Entonces, ¿por qué hay un castillo?”, vuelven a la carga. “No es un castillo, sino una muralla”. “Quiero ver la muralla por dentro”...Oh cielos... Prometemos pasearles junto a la muralla (y ahí ePapá se explaya hablando de cañones y cosas que yo ignoro si alguna vez ha tenido esta encantadora ciudad, tan trascendente), para lo que tenemos que volver a salir por otro de los incontables accesos de la ciudad, que nos pilla en la otra punta (afortunadamente la contención de Ávila hará que esto nos lleve aproximadamente seis minutos). No han pasado diez segundos y nos cruzamos con una armadura (junto al cuadro de Santa Teresa, parte de la decoración del sitio)… eBebote se detiene, fascinado, se acerca mucho y exclama “¡Mira, el señor Chocolate!” No me da tiempo a reaccionar cuando vuelve a hablar, mientras hace una mueca divertida: “¡Le veo el calzoncillo!” Entre lágrimas de risa, desfilamos en comitiva por las estrechas, sinuosas y empedradas calles de la Ávila más antigua, hasta llegar a nuestro destino. Junto a la muralla comenzamos a caminar… a los tres minutos eHijo vuelve a exigir ver la muralla “por dentro”. ¡Pero si venimos de allí! “Por dentro”, indica, contrariado. Al fin se hace la luz… lo que eHijo desea por encima de todo es visitar la muralla en su perímetro transitable, desde arriba. eMamá mira las escaleras, mira la pared de piedra, mira las barandillas de protección allá en lo alto y mira de reojo al séquito vacilante que en esos momentos está haciendo equilibrios en una barandilla de un parque. La idea, atractivo turístico de los principales del lugar, se me antoja un deporte de riesgo peor que el puenting ése que evité mencionar horas atrás. Lenta y discretamente nos alejamos hasta que encontramos una pastelería donde aliviar las penas con un clásico, artesano y nada abulense donus de chocolate.

Llega el momento de volver a casa. Los eNanos se sientan remolones en el coche. ePapá y yo, nos acomodamos en los asientos delanteros deseando el relax de la carretera que tenemos por delante, agradecidos por el día fantástico y agotador que culmina atravesando el último arco, y sintiendo esta vez, como otras tantas -pero ésta especialmente-, que, efectivamente, nos ha tocado la china.


Todo, absolutamente todo, basado en un hecho real.

viernes, 19 de agosto de 2016

El joven Padrewan atrapa una eNeown


El joven Padrewan ha conseguido un lote nuevecito de Mumeballs para utilizar de manera inteligente en diversas circunstancias, y en una de ellas se aloja ya su primera PokeMum (conocida). Se trata de una eNeown, una PokeMum por la que me siento atraída. Como identificada, no sé. Aunque no me lo ha pedido, he estado curioseando aquí y allá para saber un poco cómo son las eNeowns, por si le facilita su cuidado y ¿”evoluciówn”?.

Investigando, he concluido que esta enigmática criatura se asocia a un número impreciso en la Mumedex. No se trata de una PokeMum legendaria a primera vista (ciertas características hacen pensar que es un tipo extremadamente raro) aunque de momento sólo se conoce la existencia documentada de dos especímenes. Uno lo atesora el joven Padrewan; el otro habita en estado de semilibertad y, aseguran, en ocasiones se ha avistado en las inmediaciones de una Mumeball de tamaño familiar.

El origen de las eNeowns parece estar asociado a una forma jeroglífica de expresión (su particular lenguaje arcano, denominado “eNeowngmático”), aunque no se sabe si existió antes la escritura y las eNeowns se especializaron en el tipo concreto, o fueron las eNeowns las que desarrollaron este tipo de lenguaje convenientemente adecuado a su personalidad.

Las características físicas de una eNeown estándar son contundentes: suelen ser PokeMums de tipo XL, compuestas de una esfera de alta densidad (conteniendo plomo u otro metal pesado en su interior), el cuerpo, y otra tangente a la anterior, ligeramente más pequeña y notablemente más ligera, que es la cabeza. Esta forma no es casual. La esfera supone para la eNeown su seña de identidad, por tratarse de la forma primordial y más armónica de la naturaleza. El punto de tangencia entre cabeza y cuerpo distingue, en gran medida, a los distintos individuos, cuya auténtica unicidad está asociada a los símbolos del ya mencionado lenguaje escrito enigmático, también conocido como “eNeowngmático”.
Por su especial constitución, una eNeown puede perder fácil y literalmente la cabeza debido al punto de tangencia. Habrá que poner un cuidado especial en vigilar esta zona cuando la PokeMum vive en la Mumeball, por si pudiera detectarse cierta debilidad. Si la pérdida sucede, debe ayudarse a la recuperación de la forma física primigenia, ya que, por sí solas, no son capaces de recomponerse.
En su cabeza destacan sus ojos, permanentemente abiertos. La eNeown, a diferencia de otras formas de vida a las que pudiera recordar, trata de ser inexpresiva y mentalmente impenetrable. De escasas palabras, aún es más parca en su expresión corporal. A solas, disfruta cantando. Dicen que cuando se juntan varias eNeowns, su canto compone su nombre.

Las eNeowns visten una sobria indumentaria, nunca llamativa: hakama negra con siete pliegues, kimono con discretos motivos naturales (casi imperceptibles) y, en un capricho y una concesión a su lado más “Mum”, algún adorno verde -siempre a juego con la naturaleza-. Intentando mantenerla desapercibida, incluyen de manera discreta y minimalista su seña de identidad, la AZ de las eNeowns -que consiguen cuando llegan a su madurez intelectual-, para recordar que su mejor arma y su mejor defensa es la literatura escrita. Suelen dejarse el pelo largo y disfrutan peinándose con el viento.
Su movimiento natural es la rotación. Pueden rodar grandes distancias.
De alimentación desconocida, se sabe que resulta altamente eficiente para mantener su masa corporal.

Estas PokeMums viven y se desarrollan en plenitud en medio de la naturaleza, prefiriendo siempre habitar entornos umbríos y solitarios en pleno bosque, cercanos a las montañas y con clara predilección por los escondites en las rocas de granito, donde se las puede divisar cuando cae el sol y más especialmente las noches de luna nueva, pues gustan de salir a admirar el cielo estrellado.

Las eNeowns no se pueden conseguir incubando ningún huevo. Tampoco tienen evolución posible, ni pueden alterar voluntariamente su forma para imitar a otras eNeowns.

Las eNeowns son unas PokeMums extremadamente raras que residen en su propia dimensión y rara vez se aventuran fuera” (extracto de la Mumepedia). Cuando visitan el mundo PokeMum, tienden a mimetizarse con las paredes, especialmente de piedra, o agruparse con otras eNeowns.
Dicen que las distintas eNeowns están mentalmente unidas entre sí, y se mueven de forma conjunta. Que nacieron todas a un tiempo y su conexión mental es inquebrantable. Por tanto, es muy posible que la eNeown del joven Padrewan permanezca unida a esa otra que se menciona en las leyendas. Cuando se unen en manada, son capaces de atraer y acumular energía. Además, tienen la capacidad de distorsionar la realidad a voluntad (es una de las habilidades de su tipo).
Las eNeowns, no obstante, son todas únicas en su diversidad.

Según los datos de la Mumedex, las eNeowns son PokeMums de tipo “sopíquico”. Sus habilidades psíquicas se desarrollan hasta alterar la percepción de la realidad de aquellos que se aproximan (en diversas formas, dependiendo de la personalidad del observador… unos perciben peligro, incomodidad y otras sensaciones desagradables que les hacen huir de la zona de influencia, mientras otros refieren una experiencia agradable, positiva e incluso deseable… muchos observadores, no obstante, no tienen capacidad para percibir los cambios sutiles de su entorno y no pueden captar la presencia de una eNeown).
Se ha referido un único caso en que una eNeown ha hablado con un entrenador en los términos “la respuesta es SOPA”. Posteriormente se ha comprobado que cuando la eNeown desarrolla un estado mental extremo, ya sea por tensión, euforia, tristeza o miedo, puede reaccionar emitiendo su sonido de alerta: “Sopa”. La emisión de sopas puede considerarse un síntoma de confianza. Una eNeown se captura con mayor facilidad cuantas más sopas haya dedicado a un mismo entrenador.

Esta especie no parece estar habituada a los combates entre PokeMums, ya que sus puntos de combate son indefinidos, y están escritos en el idioma eNeowngmático. Quizás porque los únicos combates que es capaz de mantener una PokeMum sopíquica sean de lenguaje. Como puntos de “vida” (o salud, PS), al joven Padrewan le ha tocado una de 36. No sé si es mucho o poco, creo que para una PokeMum está bastante bien.

Como ya se ha dicho, las eNeowns suele vivir pegadas a las paredes y comunicarse telepáticamente entre sí. En la mayoría de las situaciones también tratan de comunicarse telepáticamente con el resto de su entorno, desde su posición próxima a los rincones y muros, buscando estar protegidas y alejadas de probables eNeownmigos. Cuando este comportamiento es inevitable, salen de su letargo y se relacionan de la forma más normal posible, mientras consideran la opción de lanzar alguno de sus ataques. En general, estos ataques son escasos y muy estudiados. El ataque más lento, y menos efectivo, de una eNeown, es el conocido como “texto eNédito”. Cuando una eNeown emite de forma audible o telepática una sopa, es muy probable que en un intervalo a priori desconocido genere un ataque de este tipo. Suele necesitar tiempo de maduración, en alguna ocasión ha precisado incluso preparación y documentación. El ataque más lento del que se tienen noticias necesitó cuatro años de puesta a punto. Una vez emitido, la eNeown tratará de asegurarse de que el ataque llegue a su objetivo. Será un texto afilado, cargado de la mejor característica de la personalidad eNeown: la ironía. Empleada como arma de doble filo, la ironía podrá dirigirse a los amigos más queridos o a los más acérrimos enemigos. Incluso un mismo ataque se puede dirigir simultáneamente a ambos, fortaleciendo la amistad y declarando abiertamente la guerra a los detractores.

El ataque más efectivo y más rápido, a veces mortífero y casi siempre emitido en cuestión de segundos, es el Susto ComeNeowntario. Con el estímulo necesario, un momento de debilidad, felicidad o tensión se traduce en una respuesta generada de manera casi automática con una fuerte carga de sinceridad, en ocasiones acompañada de ironía. Nuevamente, puede dirigirse a amigos o enemigos (a estos últimos se dedica mayormente la carga irónica). Si el ataque se lanza por escrito, es mucho más probable que resulte dañino. Lamentablemente para estas PokeMums, tanto para amigos como enemigos, este tipo de ataque suele debilitar a quien lo recibe. Por tanto, las eNeowns tratan de controlar los efectos sobre sujetos amigos realizando preavisos cuando les es posible (literatura escrita), perdiendo efectividad a cambio de minimizar los daños.
Es importante destacar que una eNeown sólo lanza un ataque si considera un éxito altamente probable, por lo que su efectividad es muy elevada.

Si se desea fortalecer los ataques de una eNeown, siempre teniendo en cuenta que afectan a todos a su alrededor y que raramente pueden concentrarse en una sola entidad, deben realizarse críticas constructivas. Las críticas destructivas suponen un punto de debilidad de las PokeMum eNeown, que se retraen temporalmente (en intervalos diferentes, en función de la intensidad del ataque). Basándose en la premisa de que “la mejor defensa es un buen ataque”, este tipo de críticas también fortalece la potencia de los siguientes ataques eNeown, aunque puede derivar en una excesiva concentración en ataques únicos de tipo “texto eNédito”, en detrimento de la frecuencia e intensidad de emisión de los mismos. De manera ocasional, una crítica destructiva anula ciertos componentes en la personalidad eNeown de difícil o nula recuperación. Sólo entrenadores habituados al trato con su PokeMum y gran experiencia pueden llegar a detectar y resolver estos conflictos internos, ya que es algo muy arraigado en la tipología sopíquica.

Cuidados especiales:

De exterior alarmantente frágil, es en parte soluble en contacto con el agua y mayor y peligrosamente en acetona. Deformable con calor y bajo presión, hay que atender las condiciones vitales de la Mumeball.

Dosificar el contacto con PokeMums en estado salvaje. Las eNeowns pueden sentirse incómodas y tratar de confundirse con el entorno, aunque de manera general su interacción es inofensiva, sin efectos perjudiciales y con generación de sopas de baja intensidad. Es conveniente vigilar este aspecto, por si sufre cambios repentinos. Se desconoce si la interacción en gimnasios PokeMum afecta a los puntos de combate, ya que permanecen siempre indeterminados. Será necesario fijarse en el crecimiento (lento) de la escala.

Para asegurar el buen estado físico y mental de estas PokeMums es muy adecuado dejarlas salir de la Muméball sobre todo en entornos naturales y en noches estrelladas, en zonas próximas a las rocas. También en días de viento o tormenta, pues favorece el mantenimiento de la sintonía o coeNeownxión. Estos cuidados deben proporcionarse con una frecuencia cercana a la semana, cuanta mayor sea la frecuencia más fuertes serán los puntos de salud, que crecen de año en año de manera independiente a cualquier otro factor.

Bien conservadas, resultan PokeMums extremadamente leales.